Hace mucho, cuando era chiquita, jugaba con muñecos de las tortugas ninjas y tenia cumpleaños de disfraces de terror...conocí la muerte. Es eso, se te desvanece a quien amas, se te escapa y no lo ves mas. Un dolor, extrañar desgarradamente, una falta, la ausencia misma. El corazón roto es literal, pero ahí entendí, extrañas a quien solo volvés a ver en recuerdos y en los sueños, pero aquellos que se quedan con vos, compartiendo este ratito de vida, lloran y sufren eso a mi me rompió definitivamente.
Años pasaron construyendo lo que el mar se llevo, no había tantas risas...
Y me llego un regalito Celeste y Blanco en esos días me hacia compañía un bajito chistoso que al mediodía hacia una locura, un pogo. Yo con 20, también perdí a ese genio que me hacia reír. Y reír vale.
Pero a los 30 llego la peor, la más inesperada. Pensaba verla llegar a vieja y cagarme de risa, porque eso pasaba entre nosotras, había muchas risas y se podía hablar de todo. Eso extraño, pero me acaricio pensando, la vida es un ratito... y me acuerdo de esos ratitos y es como que va pasando, y escucho en mi mente como susurros lo que opinaría, lo que diría, de lo que se reiría...
y cuando me empezaba a poner de pie, se fue mi otra vieja, la pulguienta... El abuela. La estaba pasando mal, y ya sabia que su ratito se terminaba. Yo también lo sabia. Pero me sentí como con esos 10 años, y tuve miedo de ver aquellos soldaditos medinas rotos de nuevo.
Porque los que se van, se van a ser eternos. Pero los que nos quedamos otro ratito, tenemos que seguir viviendo, y resurgir como un ave fénix, morís en tus lagrimas y de esa mismas, salís. Por que en un momento, ya podes tragar y no duele tanto. La cicatriz queda, pero no te arde todo el tiempo, esta ahí para recordar, esta ahí para decirte: ¡Vos sos esto y seguí! porque las marcas nos hacen. y la vida y la muerte también.
Y a semanas de estar pisando con cuidado, se muere el Dios del futbol en la tierra. De este tipo, creo que escuche gritar sus goles adentro de la panza. Las dos señoras que me criaron le hicieron una poesía y un dibujo. Lo querían, imposible no querer a quien te dio felicidad, a quien te compartió su vida, a quien se la jugó.
Perdí a los 10, a los 20 y a los 30 por goleada, y lo peor es que se sigue jugando... La vida es un ratito, sigamos jugando.
Se que se juntaron, porque recibir al 10 debe ser una fiesta. Espérenme que me falta otro ratito y me cuentan como fue...